Desde 1979, existe un consenso inquebrantable en el club de la buena conciencia occidental: Irán es el infierno en la tierra para las mujeres. Lo afirman por igual CNN, FOX, BBC, el Grupo Planeta o Prisa. Lo repiten como un mantra think tanks financiados por el complejo militar-industrial y lo corean ONG que reciben sus migajas de la fundación de turno. Todos, al unísono, denuncian el velo y el patriarcado persa.
La cantinela es tan predecible como sospechosa. En los últimos años, este "feminismo" de salón alcanzó su clímax de utilidad cuando se le ordenó ser el altavoz de una frustrada "revolución de colores". Pero la realidad es tozuda y siempre termina desenmascarando la hipocresía con una bofetada.
Observen el ingenioso mecanismo. A este movimiento feminista artificial se le permite, de vez en cuando, soltar un comunicado tibio contra el machismo de Trump o la violencia de Netanyahu. Porque son críticas estériles, fuegos de artificio que no afectan ni un ápice a la política exterior del Imperio. A veces incluso son útiles para que los demócratas intenten robarle un puñado de votos a la extrema derecha. Pero, cuidado, que nadie se llame a engaño. En el tablero global, este pseudoactivismo no es más que una pieza más en la masiva maquinaria de propaganda del imperialismo. Sigue al pie de la letra el guión escrito en las salas de juntas de los grandes bancos de Nueva York y Londres. Son peones en una partida de ajedrez geopolítico donde las reinas (y los peones) se sacrifican según convenga.
La prueba del algodón, la que debería hacer sonrojar a muchos es: ¿Dónde está ese mismo ejército de la virtud cuando las bombas caen de verdad? ¿Acaso vimos a estos supuestos paladines de los derechos de las mujeres en los mass media, rasgarse las vestiduras cuando la aviación estadounidense, desde sus bases en Emiratos Árabes, borraba del mapa barrios residenciales en Damasco o Bagdad, con cientos de mujeres y niños bajo los escombros? Claro que no. El falso feminismo "made in USA" es un producto de temporada, se activa cuando hay que desestabilizar a un gobierno que no se pliega a los dictados de Washington, y se desactiva automáticamente cuando el responsable de la masacre se sienta en el Despacho Oval.
La hipocresía alcanza cotas de genialidad grotesca en el último acto. En estos medios de masas de desinformación, criticaron (con cuentagotas) el genocidio israelí, en un desesperado intento por no perder el último gramo de credibilidad entre las masas con un mínimo de conciencia humana. Pero en el momento exacto en que el régimen de Tel Aviv, ese mismo que ha asesinado a más de 15.000 mujeres palestinas con la aquiescencia de Occidente, decidió sumarse a la agresión contra Irán, el milagro se produjo. De repente, los socios y compinches de Jeffrey Epstein —ese gran filántropo y paladín de la moral— se transformaron en los libertadores de las mujeres iraníes. El cinismo, en su máximo esplendor.
Por supuesto, ninguno de estos iluminados contará la otra cara de la moneda. No dirán que la mujer iraní, fruto de la misma Revolución que tanto execran, tiene más acceso a la educación universitaria que la mayoría de sus vecinas en el Golfo. No mencionarán que su participación en el mercado laboral, en la ciencia o en el arte es envidiable para cualquier país de la región que no sea una monarquía del petróleo. ¿Cómo van a hacerlo, si eso estropearía el relato? Por supuesto que no podemos obviar la represión que ha existido y existe en Irán, hacia las mujeres, y personas disidentes, especialmente hacia el comunismo y aquellos que defendían una suerte de “Islam de la liberación”, para entendernos. Pero el paraguas de justificación que se está usando para aplicar el imperialismo es burdo, teniendo en cuenta el contexto de libertades de prácticamente todos los países del entorno. La mayor parodia es un líder terrorista presidiendo Siria y siendo recibido con honores en la Casablanca.
Lo que el Imperio jamás ha podido digerir no es el velo. Es que Irán se atreviera a expropiar su compañía petrolera anglo-iraní. Es que osara construir un Estado independiente, libre de las dictaduras "títeres" que ellos mismos instalaron para saquear sus recursos. Y lo más irritante, que esa Revolución, lejos de extinguirse bajo décadas de sanciones y amenazas, se haya fortalecido hasta el punto de devolver el golpe.
Porque lo que estamos presenciando hoy con los ataques del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica no tiene precedentes. Al hacer blanco en las bases militares y diplomáticas de EEUU y la OTAN en la región, Irán no solo se defiende, está dinamitando los cimientos de la dominación colonial. Está diciendo: "Se acabó el saqueo". Como bien expresó el viceministro de Exteriores persa: "No tenemos otra opción que poner fin a la presencia estadounidense en el Golfo". Esta no es una guerra más, es la guerra por la descolonización definitiva de Oriente Medio.
Y es aquí donde la ironía se vuelve brutal. El mismo imperialismo que se arroga el derecho de liberar a las mujeres iraníes es el que sostiene a las monarquías absolutas y dictaduras militares de la región (Emiratos, Baréin, Catar, Arabia Saudí...). Regímenes donde no existe ni el más mínimo derecho democrático y donde, por supuesto, la vida de la mujer transcurre en la más absoluta oscuridad legal y social, tutelada por un hombre. Esos son los aliados de nuestros "feministas". Esos son los que bombardean Yemen con bombas de fabricación estadounidense mientras sus mujeres son meras propiedades. ¿Alguna vez han visto una portada de revista denunciando la situación de la mujer saudí con la misma saña que la iraní? No, porque la mujer saudí es un precio aceptable a cambio de contratos millonarios y petróleo barato.
Al atacar las bases del Imperio, Irán no solo debilita al lobo, sino que también desenmascara a sus perros guardianes. Cada misil iraní que impacta en una base estadounidense es un mazazo a la estabilidad de esos regímenes títeres. Y con cada mazazo, la perspectiva de que esos pueblos, incluidas sus mujeres, puedan algún día liberarse de la doble opresión (la de sus dictadores locales y la del amo extranjero) se vuelve un poco más real.
No tardará el día en que los pueblos de Oriente Medio comprendan que el ejemplo iraní no es una amenaza, sino un espejo. Un espejo que refleja la posibilidad de la dignidad y la soberanía. Y en ese nuevo amanecer, las mujeres, siguiendo el ejemplo de sus hermanas iraníes, serán más libres que nunca. Pero claro, esa libertad no saldrá en los titulares de la CNN. No vende armas.

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