2 oct. 2014

El decrecimiento no es una elección

La humanidad se encuentra en un proceso de cambio integral. Los valores, la ética, las creencias, la forma de vida, el respeto a la naturaleza, el trabajo, el consumo, la economía, las instituciones públicas… todo esto está en un proceso de cambio inevitable. Es inevitable, porque a pesar de nuestra actitud inmovilista, el planeta tiene mecanismos propios para detener nuestra actitud depredadora. El modelo de los países desarrollados tecnológica y económicamente es imposible de mantener, es una realidad, la escasez de los recursos naturales, nuestro impacto sobre la naturaleza y nuestra actitud indiferente al respecto nos enfrentan al colapso de todo un modelo de vida.

El sistema capitalista nos ha llevado hasta donde hoy estamos, la propia lógica de este sistema, que es la de la competición, la explotación de la vida y la mercantilización a cualquier precio, nos ha llevado a no cuestionarnos qué sentido tiene todo lo que hacemos con el planeta y con los seres vivos que en él habitan. Llegados a este punto, y como no hemos sabido establecer los límites éticos y físicos, el planeta nos impone sus propios límites, es este escenario en el que nos encontramos actualmente, y tal vez por ello la concienciación respecto a los problemas que ya están encima de la mesa, esté creciendo poco a poco. La pretensión de este artículo, es dar algunas pistas para acelerar este proceso de concienciación para que comencemos a construir un nuevo mundo, un nuevo paradigma humano que garantice la supervivencia del planeta en su conjunto.

A través de los medios de comunicación, instituciones, economistas de toda índole, el cine, la publicidad… se nos vende la idea de que el consumo es la piedra filosofal del bienestar, que garantiza el crecimiento económico y por tanto garantiza que tengamos acceso a un trabajo, con el fin de poder seguir manteniendo los niveles de consumo. Este mantra se ha extendido hasta el punto de que la propia sociedad lo defiende como algo indiscutible. Como cada vez somos más personas las que habitamos este planeta, este sistema requiere de un crecimiento perpetuo. Lo que sucede es que para mantener este sistema de crecimiento infinito, necesitaríamos tener recursos naturales infinitos para poder transformarlos en energía que hagan posible todo este entramado. A estas alturas, ya sabemos que estamos en el ocaso de la mayor parte de los recursos naturales que hacen posible nuestro modo de vida (petróleo, uranio, gas, carbón…). El colapso, algo que muchos expertos llevan anunciando años, ya está llegando a los países desarrollados, sin embargo, el colapso es una realidad desde hace muchos años en los países del Sur, que paradójicamente son los que más recursos tienen bajo sus pies, llevamos demasiado tiempo viviendo a costa de su escasez.

Si hablamos de sostenibilidad, no hablamos solamente de fomentar las energías renovables -asignatura pendiente en la que vamos con mucho retraso- hablamos de reducir el consumo en los países desarrollados en al menos un 70%. No cabe duda, de que esta realidad a la mayor parte de la sociedad le parece inalcanzable. Nada más lejos de la realidad, el decrecimiento es una imposición física del planeta, la discusión es si vamos frenando antes de llegar al precipicio y preparamos algún tipo de paracaídas casero, o por el contrario aceleramos y caemos en picado y a toda máquina. Ejemplos hay en el planeta de sostenibilidad: Cuba es un país sostenible ecológicamente, por razones varias, para empezar no hay un coche por cada 2 personas, la bicicleta, el transporte colectivo, o caminar, son las formas habituales de moverse en la isla. Las frutas y verduras son las protagonistas en la dieta. Estos saludables hábitos, hacen que la esperanza de vida en Cuba sea superior a la de Estados Unidos. La paradoja de este caso, es que Cuba lleva décadas padeciendo un bloqueo comercial impuesto por el imperio norteamericano, algo que les ha enseñado a vivir con poco, y es que claro, el consumismo es imposible en estas condiciones.

En Europa y Estados Unidos vamos en el camino opuesto, el Tratado de Libre Comercio que quieren imponer los poderes económicos, nos llevan sin duda a seguir en el mismo modelo de consumo, productividad, recortes de derechos sociales y el crecimiento de la desigualdad.

Los partidos políticos son una de las patas que sostiene este modelo, ya que su objetivo es ganar las próximas elecciones, y claro, ¿cómo decirle al pueblo que tenemos que reducir nuestro consumo en la situación en la que actualmente nos encontramos?. Teniendo en cuenta además, que los medios de comunicación no dan espacio al discurso del decrecimiento ¿y por qué razón?, porque dependen de la publicidad, publicidad de mercancías que han de ser consumidas para que la rueda siga girando.

¿Y cuál es la solución? La solución a estas alturas es complicada, pero tenemos a nuestro alcance que el golpe que va a suponer el fin de los recursos no sea tan traumático, y para ello debemos de transformar todo el modelo. Antes hablaba de reducir un 70% el consumo de energía, eso conlleva automáticamente, reducir la jornada laboral en el mismo porcentaje, potenciar la economía local, la agricultura ecológica (no olvidemos que el sistema alimentario acapara la mayor parte del consumo de petróleo), reducir también el consumo de carne, ya que la tierra fértil utilizada para piensos animales requiere de cuatro veces más espacio que la agricultura para consumo humano. Cambiar el modelo de producir mercancías, por un modelo de cuidados de la vida, hay mucho trabajo que hacer con el daño que se la ha hecho y se le sigue haciendo a la vida, las personas bajo este sistema enferman por culpa de la alimentación, la contaminación, la vida en las grandes urbes, el estrés, las personas cada vez viven más, pero requieren de más cuidados, esa sin duda es la economía que debemos de potenciar, basada en el apoyo mutuo y en la salvación y mantenimiento de la vida y la naturaleza. Los bosques, los animales en peligro de extinción, los ríos, el calentamiento y oscurecimiento global, hemos explotado tanto la naturaleza que ahora toca paliar los daños, hasta los nuestros propios.

No nos debemos de encerrar en el pesimismo, tenemos a nuestro alcance cambiar nuestras vidas, trabajando mucho menos, promoviendo la autogestión, la ecología y el apoyo entre seres vivos. Se puede vivir mejor con menos. ¿Comenzamos?

@AlexCorrons para laRepública.es

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