17 may. 2014

¿Qué tipo de sociedad hemos creado?

¿Qué tipo de sociedad hemos creado? Que te excluye si no tienes dinero, si no trabajas, si te niegas a obedecer unas normas impuestas por una minoría. Una sociedad del pensamiento único, en la que todas las opciones de participación política pretenden enmarcarlas dentro de unos márgenes en los que la sociedad civil no tiene voz, ni decisión, la máxima aspiración es delegar en una serie de representantes en función de lo simpátic@s o conocid@s que sean o de sus ideales que luego no están obligados a cumplir, y en los que una minoría interviene para dar mayor capacidad de difusión de sus ideas en función de los intereses económicos de dicha minoría.

Una sociedad en la que está prohibido expresar tus sentimientos públicamente, ya que expresar que estás hasta los 'huevarios' de esa minoría que precariza, empobrece, roba, explota, desahucia, mata, induce al suicidio y a la desesperación, es delito. Tuitear que deseas la muerte de algún responsable de lo que nos acontece es delito, condenar a una sociedad a cumplir sus órdenes es absolutamente legal y visto con normalidad.

Me pregunto cuántos se expresaron con alegría el día que asesinaron a Gadaffi, Allende u otros personajes odiados por eso que llaman la 'comunidad internacional'. ¿Cuántos están imputados?

Quiero una sociedad en la que expresar mis sentimientos no esté prohibido y me da igual cómo se expresen los fachas, quiero libertad de expresión, no que como detienen a mis 'afines', pedir que detengan a los que no lo son. Que hablen, esa es la manera en la que podemos saber qué pasa por sus enfermas cabezas.

Pienso que tenemos mucho trabajo por delante. Si las organizaciones que se autodefinen como revolucionarias y las personas nos pusiéramos de acuerdo en cerrar nuestras cuentas bancarias, no pagarles ningún tipo de deuda, hacer insumisión fiscal, huelgas selectivas de consumo, huelgas salvajes sectoriales, boicot a todo aquello que consideremos que está perjudicando a la sociedad, no habría poder que pudiera frenarnos. Hasta que lleguemos a ese nivel de concienciación falta todavía que saboreemos la frustración de intentar conquistar las superestructuras antidemocráticas y antiemancipatorias. Llegará el agua al cuello y lo acabaremos haciendo, aunque los 'bajitos' se ahogarán por el camino.

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