24 dic. 2012

Baltasar Garzón, gavilán y paloma

Las caras del juez candidato al Nobel de la Paz
El hombre sabe hacer el juego. Se granjea las simpatías de la izquierda bien pensante encausando a Pinochet, pero por el otro lado ordena detenciones arbitrarias, cierra medios de comunicación y permite el ejercicio de la tortura en el País Vasco. Hasta el momento ya ha recibido duras críticas y acusaciones de parte de personalidades como Las Madres de la Plaza de Mayo o el Subcomandante Marcos. Pese a todo, insiste en ser candidato al premio Nobel de la Paz.

Cuando se escucha el nombre de Baltasar Garzón, nos viene la imagen de un Paladín de la Justicia, joven y progresista, cuyo retrato pude quedar bien entre las tiras de Mafalda y los poemas de Benedetti, y es que ha conseguido lo que miles de chilenos y argentinos juntos no han podido en años de lucha y de perder muchas vidas: poner en el banquillo de los acusados a sus dictadores. Luego, como se sabe, no pasó nada con ellos, pero eso a nadie le importa; él es un héroe para las chicas y un ejemplo para los garçones (con perdón del galicismo).

No se puede negar que conmueve con sus declaraciones en contra de la acción imperialista de Bush sobre Irak, pero su capacidad de conmoción la viven mejor los habitantes del País Vasco, quienes tienen que conmoverse por sus órdenes de detención contra sus habitantes, los cierres de sus medios de comunicación, la prohibición de sus agrupaciones políticas y su conducta absolutamente venal y permisiva respecto a la tortura que practican los agentes de la Guardia Civil. Esta cara de Garzón es poco conocida pero no por eso deja de ser real.

El PSOE y los GAL, la palestra de Garzón
En 1993 Baltasar Garzon deja el anonimato (así como su puesto de Magistrado en la Audiencia Nacional española) para aparecer como diputado independiente en las listas electorales del PSOE, para las elecciones generales en España. Al poco tiempo es nombrado delegado del Plan Nacional sobre la Droga, alcanzando el rango de Secretario de Estado. Pero esta designación no satisface sus ambiciones puesto que lo que él esperaba era dirigir la Policía Nacional y la Guardia Civil. Desairado, Garzón abandona el gobierno acusando al entonces presidente Felipe González de haberlo usado como señuelo electoral y de no estar realmente interesado en la lucha contra la corrupción.

Pero el asunto no queda ahí, a su regreso a la Audiencia Nacional, Garzón encuentra el modo de cobrarse la revancha a González haciéndose cargo del caso de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Los GAL fueron grupos paramilitares creados por el gobierno de González y financiados con los fondos reservados del Estado Español que llevaron a cabo una guerra sucia contra ETA durante el gobierno de González. Esta guerra sucia dejó más de una veintena de muertos, entre militantes y simpatizantes de ETA, así como historias horrendas sobre torturas y detenciones violentas. El escádalo GAL dañó para siempre al PSOE e impidió su retorno al gobierno. A modo de defensa, los socialistas acusaron a Garzón de falta de profesionalismo e incluso alevosía en su trabajo.

Batasuna, Egin, Ardi Beltza, la censura sin fin
A la par de sus actuaciones en contra de los dictadores latinoamericanos, Baltasar Garzón comenzó a desarrollar otra guerra sucia en el País Vasco, una «caza de brujas» al mejor estilo McCarthy. El pretexto es combatir el terrorismo de ETA, pero bajo esa excusa Garzón lo que hace es perseguir a toda voz disidente o crítica al régimen que gobierna el Estado Español.

Una de sus acciones más claras en ese sentido fue la prohibición de Batasuna, un partido político legal que agrupaba a aproximadamente el 11 por ciento de la población vasca. De igual forma, persigue a diferentes agrupaciones políticas, juveniles e incluso sociales, todas ellas sospechosas de terrorismo para el ya exjuez Garzón.

También, desde 1998 se ha empeñado en perseguir, criminalizar y cerrar medios de comunicación y casas editoriales independientes bajo la acusación de estar en el «entorno» de ETA. Así fueron cerrados el periódico Egin, La Voz de Euskadi, Egunkaria, la editorial Ardi Beltza y la radio Egin Irratia. En la última etapa como juez, tuvo en el punto de mira al periódico Gara.
Detenciones, torturas y silencio
En el libro "Garzón, la otra cara", el periodista Pepe Rei (director de la editorial cerrada por Garzón, Ardi Beltza), enumera más de doscientos casos de tortura perpetrada sobre miembros de la izquierda independentista vasca, todos ellos denunciados ante Garzón, quien hizo la vista gorda ante ellos, eso cuando no se permitió ironizar sobre el tema. Rei, quien estuvo en la carcel en varias ocasiones por órdenes de Garzón, explicó en una entrevista que en las cárceles «hay varios jóvenes que no tiene ninguna relación con la lucha armada ni con otra actividad que pueda considerarse penalmente delictiva, cuyo único delito es ser jóvenes y querer una Euskal Herria independiente».

El periódico Gara publicó una noticia según la cual Garzón ordenó el encarcelamiento de once detenidos que le presentaron quejas de tortura física y psicológica. Según la noticia, uno de ellos presentaba muy mal aspecto y no podía hablar a causa de una crisis nerviosa en la que se encontraba, cosa que al juez no le importó en lo más mínimo y permitió que fuera ingresado en la cárcel sin más trámites. Pepe Rei atribuye este silencio sobre toda denuncia de tortura a un pacto implícito con la cúpula del Ministerio del Interior, que a cambio facilitaba notablemente su trabajo y le permitía apuntarse «éxitos» estentóreos.

Los procesos irregulares del juez
Según personas cercanas al juez, los «triunfos» conseguidos por Garzón, en su «lucha contra el terrorismo», se fundan sobre procesos irregulares. En una entrevista concedida al periódico Gara, Joaquín Navarro, durante muchos años su mejor amigo y actual magistrado de la Audiencia Provincial de Madrid, declaró acerca de Garzón que: «es un juez que se inventa casi todo. Lo que ocurre es que está actuando respaldado por el poder político y por el Ministerio del Interior. Garzón se permite el lujo de dictar autos de procesamiento o de prisión absolutamente fabulados, dando por demostradas vinculaciones orgánicas y funcionales de diversos sectores con ETA».

Así, sin sustento legal, se ha permitido procesar a personas e instituciones ligándolas, de facto, con el terrorismo. Es el caso de la institución AEK (Educadores en Euskera) a la que Garzón acusa de fraude a la Seguridad Social, luego de infructuosos intentos de relacionarla con ETA. Del mismo modo intenta criminalizar a la asociación pacifista, Gestores pro Amnistía, institución a la cual pertenece Amaia Arrieta, joven vasca que fue detenida bajo la acusación de trabajar captando jóvenes para ETA.

El proceder arbitrario y prepotente de Garzón ya ha recibido críticas y rechazos a nivel internacional, como el pronunciamiento que hicieran las Madres de la Plaza de Mayo, quienes declararon: «Las Madres de Plaza de Mayo repudiamos con todas nuestras fuerzas la operación policial y represiva ordenada por el Juez Garzón contra el Diario EGIN y la Radio EGIN. De la misma manera en que las Madres de Plaza de Mayo hemos agradecido al Juez Baltazar Garzón el procesamiento de los genocidas argentinos que ensangrentaron nuestro país, hoy tenemos la obligación de denunciar la conducta vergonzosa y vejatoria de este mismo Juez». Más resonancia aún tuvieron las declaraciones del Subcomandante Marcos, quien en Noviembre de 2007 increpó al juez con duros calificativos y acusaciones: «Ese payaso grotesco que es el autodeterminado juez Garzón, de la mano de la clase política española, está llevando a cabo un verdadero terrorismo de Estado, que ningún hombre y mujer honestos puede ver sin indignarse».

Un arribista tras el Nobel
Las dos caras de Garzón, las dos manos con que procede, una persiguiendo crueles dictadores latinoamericanos y otra practicando el matonaje a un pueblo, responden a un único afán: el arribismo. Garzón persigue el posicionamiento a cualquier precio, por ello se ubica en el mejor escaño progresista acosando a Pinochet, pero le hace la cama a Aznar y al PP hostigando a los independentistas vascos.
Su afan de figuracionismo también ha sido cuestionado en España. El ya citado juez Navarro también habla de la «garzonitis», a la que define como «mezcolanza de maldad, cinismo, tosquedad mental, exhibicionismo e impotencia». Asimismo, Francisco Javier Santaella, durante varios años secretario general del Sindicato de la Policía Uniformada, por tanto colaborador cercano del juez, ha afirmado que, «en el trabajo de Garzón priva la precipitación y el afán de acaparar la prensa sobre la rigurosidad de sus investigaciones».

Críticas van, denuncias vienen y a Garzón ni se le mueve el pelo. Por el contrario, el continúa haciendo lo suyo, visita países como Bolivia para hacer actos filantrópicos, ejerce de abogado defensor de Julian Assange de Wikileaks y candidatea al premio Nobel de la Paz. Para esto tiene incluso una página web que ennumera sus méritos y merecimientos. Visto desde cualquier lado el Nobel puede ser el reconocimiento a su carrera, ya sea como paladín de la justicia o arribista del poder. El Nobel aguanta todo, la prueba es que se lo dieron a Kissinger, Reagan, Obama y recientemente a la Unión Europea.



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