12 sept. 2012

Un Ex Embajador en el Vaticano desenmascara al Rey y a la Monarquía

Un diplomático levanta las alfombras polvorientas de palacio.

Entrevista realizada por Alberto Pradilla

Gonzalo Puente Ojea, ex embajador español en el Vaticano, ha dedicado toda su vida a la carrera diplomática, lo que le llevó a ejercer como embajador del Estado español en el Vaticano a pesar de su conocida militancia atea. Ahora, denuncia la campaña orquestada para mantener el estatus de la Corona española.
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Gonzalo Puente Ojea conoció a Juan Carlos de Borbón durante su época como encargado de negocios interino en la Embajada del Estado español en Atenas. En su obra «La cruz y la corona» (editorial Txalaparta, 2011), el ex legado ajusta cuentas con las dos instituciones que mantienen las esencias franquistas tras la muerte del dictador: la Iglesia y la Monarquía. Una historia de corrupción que, a juicio de Puente Ojea, tiene su reflejo en casos como el de Iñaki Urdangarín. En un contexto en el que las casualidades concatenadas apuntan a un plan para salvaguardar la imagen del jefe de Estado español y evitar el debate republicano, Puente Ojea recuerda el origen franquista de la Monarquía y los favores obtenidos por los partidos españoles, que permiten un cierre de filas en torno al monarca. Su ejemplo más reciente, la publicación de las cuentas de la Casa Real, una maniobra fraudulenta, a juicio del exdiplomático que busca facilitar las cosas al rey.

El «caso Urdangarín» constituye uno de los últimos sucesos que han ayudado a deteriorar la imagen de la monarquía española. ¿Cómo valora las acusaciones de corrupción contra el yerno de Juan Carlos I?
 
       Representa el climax de un proceso iniciado con la muerte del dictador en 1976, un pacto clandestino del que la opinión pública nunca tuvo una conciencia clara. Urdangarín es la explosión pública de un pacto de silencio. Eso sí, con características y tonos de una delincuencia impensable y que deja a la corona española corrompida e inhabilitada para continuar en sus funciones si en España existiese de verdad una opinión pública.

Por el momento, el monarca se ha salvado de los focos mediáticos, aunque siempre se ha especulado sobre turbios negocios.

     Yo no tengo documentos para acusarlo de ningún crimen pero, evidentemente, las pequeñas minorías bien informadas en el Estado español saben muy bien lo que pasó y lo que no pasó en la Zarzuela y sus aledaños. Urdangarín, aún sin ser de la sangre del monarca, representa lo mismo. De todos modos, el rey tiene la condición de persona inviolable,una institución de derecho feudal que ninguna constitución moderna reconoce. Está por encima de toda corrupción posible. Se sitúa a sí mismo al margen de todo control judicial. Es el cinismo llevado a su máxima expresión.

¿Cree que algún otro miembro de la familia real española puede verse involucrado?

     No se puede olvidar que existen otras personas como Cristina, que está dentro de la línea sucesoria. Urdangarín no es un ser aislado, a pesar de que se intentará excluir de toda responsabilidad a la infanta. Si el poder judicial no quiere echar un baldón supletorio a todo lo que está haciendo tendrá consecuencias directas para la Corona como tal. Porque una infanta de España está complicada en uno de los negocios más burdos y descarados. Aunque se presenten como negocios privados, los negocios eran del presupuesto público español. Aislar el caso de Urdangarín será una vergüenza más.

Los principales partidos españoles han cerrado filas en torno al monarca.

      La democracia parlamentaria que se instaló en España es una gran representación teatral que significa el secuestro y la eliminación radical de los resortes representativos. Esto quedó demostrado, una vez más, en la vergonzosa sesión de apertura de las Cortes españolas, en la que los dos partidos se daban la mano en presencia de su tutor, Juan Carlos de Borbón.

La publicación de las cuentas de los Borbones parece motivada por el progresivo descrédito de la institución. ¿Cree que forma parte de una campaña para limpiar la dañada imagen pública de la dinastía?

       Si, sin duda. Pero esas cuentas no recogen todo lo que la Corona española recibe. Ese es el presupuesto formal, los 8.400.000 euros es un dinero que se reparten entre él y los suyos. Pero sabemos que para el funcionamiento de la Jefatura del Estado existe otro dinero. Yo no tengo documentación suficiente, ni me consta directamente, pero es evidente que el régimen de vida y de gastos de cualquier miembro de la Casa Real supera con mucho las posibilidades de ese presupuesto.
 
Sin embargo, los medios no han cesado de repetir que esta es la Jefatura de Estado más barata de Europa.

      Eso es algo totalmente falso. Los ocho millones no son más que la financiación del escaparate institucional de la familia. Pero la Corona significa gastos de todo tipo. Algunos tienen reflejo presupuestario y otros están al margen. La Monarquía vive en una situación de alto standing que no se puede financiar con todo ese dinero. Además, existen partidas como la que da 300.000 euros para colaboradores que ni siquiera especifica quiénes son ni para qué sirven. Este es un documento formalista pero que no dice la verdad. El prespuesto español financia unas posibilidades de vida tanto para él como para sus vástagos, que ya son unos cuantos, que no se financian ni con 8 millones ni, posiblemente, con 80.

Nada más hacerse públicas las supuestas cuentas, los medios divulgaron encuestas donde, frente al descrédito de Urdangarín, se alababan las figuras de Juan Carlos de Borbón y, especialmente, de su hijo. ¿Están preparando el terreno para hacer frente al debate republicano en el caso de una sucesión?

      Los dos grandes partidos están deseando una sucesión tranquila. Lo que se dice del rey español, aunque no se pueda documentar, es suficiente para que deje de estar donde está. Pero como no hay mecanismos para quitarlo, depende de si quiere abdicar en su hijo. Por desgracia, la inercia de la historia en los próximos años funcionará a favor de la continuidad de este gran tinglado, de esta gran farsa que es la llamada monarquía parlamentaria.


Gonzalo Puente Ojea, ex embajador español en el Vaticano, nació en  1927 y ha dedicado toda su vida a la carrera diplomática, lo que le llevó a ejercer como embajador del Estado español en el Vaticano a pesar de su conocida militancia atea.

 

Fuente: canarias-semanal.com